lunes, 10 de diciembre de 2007

Relato naturalista

Relato naturalista

Eran centenares los hombres que corrían detrás del balón, en un campo que más bien parecía de labrar y no de jugar al fútbol. Ellos se lo pasaban bien y tenían sus disputas, pero no llegaban a la violencia. Cuatro chillidos eran suficientes para calmar la multitud que sólo tenía por objetivo tocar el balón una y otra vez, sorteando por adversarios niñitas, niñitos, niñas, niños, mujeres y hombres. Allí no importaba la edad para poder jugar al balompié.
Desde el alrededor del campo, el paisaje era pesimista. Las chabolas se contaban a miles y las mujeres con los niños en las espaldas, miraban desde lejos cómo aquellos chavales se esforzaban para coger un balón, un tanto desconocido para ellas.
Las calles estaban llenas de ciclomotores viejos con los que se transportaba todo tipo de mercancías, desde un pasajero hasta una tienda al completo. También en las calles se apreciaban los diferentes gremios de artesanos ordenados por avenidas. Ellos trabajaban al exterior de sus talleres para poder mostrar al consumidor cómo ejercían, ya que estaban expuestos a numerosa competencia a su alrededor.
Las mujeres al contrario de los hombres, tenían las tareas de cuidar de los niños y de las casas. Ellas hacían la comida, limpiaban, atendían a los niños y cuando terminaban se distraían cosiendo, haciendo cestas de mimbre, etc.
Los niños, por suerte estaban escolarizados en pequeñas chabolas que disponían de un profesor por cada cuarenta o cincuenta alumnos. Ellos tenían un horario de mañana que les permitía tener las tardes libres para ayudar en la casa o poder ir a jugar con los amigos.

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